En noviembre de 1995, un grupo de investigadores de la Universidad de Cantabria estaba investigando las cuevas de la colina La Garma, en Omoño, municipio de Ribamontán al Monte. Descubrió una galería desconocida en el nivel inferior del sistema cárstico, y en ella un magnífico conjunto de arte rupestre.

La colina tiene una altitud de 186 metros, su sistema cárstico alberga diferentes cuevas con ocupaciones humanas. En La Garma ha vivido gente desde el Paleolítico Inferior hasta la Alta Edad Media, ha sido vivienda, refugio, santuario, tiene enterramientos, incluso un castro de la Edad de los Metales en la cumbre.
Es un hallazgo muy reciente y guarda un enorme volumen de información, puede ser un yacimiento de primer orden en el estudio de la Prehistoria y el arte rupestre.
Las figuras están por toda la Galería Inferior, las ha protegido un derrumbe de piedras en la boca original. Hay pinturas negras, rojas y grabados, zoomorfos, signos y manos indirectas.
Se cree que las representaciones fueron hechas en tres épocas diferentes del Paleolítico Superior.
Las imágenes más antiguas pueden ser del Gravetiense (28.000-21.000 años), serían de esa época las manos indirectas y un panel con signos no figurativos.
Las pinturas rojas, entre otras las representaciones de las ciervas, podrían ser del Solutrense (20.000-17.000 años).
Las pinturas negras y la mayor parte de los grabados podrían ser las figuras más reciente, serían del Magdaleniense (13.500 años).
El primer objetivo ha sido preservar el patrimonio artístico y los restos arqueológicos, para ello se ha restringido al máximo el acceso, incluso para los propios investigadores.
En julio de 2008, La Garma fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, dentro del conjunto La cueva de Altamira y el arte rupestre de la Cornisa Cantábrica.

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