El elemento que ha dado a conocer la cueva de Ekain en todo el mundo es el arte rupestre representado en sus paredes por unas personas de hace 13.000 o 14.000 años. Los habitantes del Magdaleniense representaron en sus paredes lo que el arqueólogo André Leroi-Gourham calificó como “el conjunto de caballos más perfecto del arte Cuaternario”.

Pero en Ekain también existe otro tipo de expresión artística paleolítica. En su yacimiento arqueológico se han encontrado ejemplos muy especiales de lo que se llama arte mueble.
Se considera como arte mueble cualquier elemento con al menos una grafía de origen humano y transportable por una persona de complexión media. Es una definición muy amplia y el arte mueble es una realidad muy diversa y numerosa, porque los soportes y los temas son muy diversos. Además, podemos suponer que los humanos del Paleolítico también realizarían sus expresiones artísticas en soportes perecederos, por lo tanto, tenemos que pensar que hemos perdido muchas obras de arte realizadas sobre madera, piel u otro tipo de soporte orgánico.
Es bastante fácil ver, o por lo menos deducir, el uso dado a algunas de estas obras de arte, pero en otros casos resulta más complicado. Podemos suponer que las personas que hicieron estas obras de arte tenían por lo menos un objetivo estético. A pesar de ello, resulta muy difícil interpretar el objetivo original de algunas piezas.
Puede ser sencillo establecer su cronología, puesto que normalmente estas piezas aparecen en un contexto arqueológico bien definido. Por lo menos en teoría ofrece la oportunidad de situar la fecha de la obra de arte en la misma época que el estrato en el que se ha hallado. En la media en la que se va extendiendo el humano Homo sapiens-sapiens, este tipo de obras de arte también se extienden.
En Ekain se han descubierto dos ejemplos del arte mueble del Paleolítico, de características muy diferentes, realizadas en dos épocas, posiblemente con objetivos diferentes y que seguramente tienen un significado muy distinto.
La primera pieza es una plaqueta realizada en piedra arenisca. Se encontró en el nivel de excavación VI a durante la campaña de 1972, se descubrió rota en siete partes y dispersa por todo el yacimiento.
Su cronología es cercana a la de las pinturas de Ekain. Habría que situarlo en el Magdaleniense Superior-Final y las personas de aquel tiempo grabaron en ella las figuras de tres animales, un ciervo, una cabra montés y un caballo, y diversos signos.
Desconocemos la utilidad o el significado de esta pieza para los habitantes de Ekain. Normalmente los temas del arte mueble no coinciden con los del arte rupestre, pero en la plaqueta de Ekain y en las obras de arte de la cueva se repiten los motivos.
El segundo hallazgo se produjo en 2009, en el contexto de una nueva campaña de excavaciones arqueológicas, y se trata de una pieza realmente curiosa. Según los sistemas de datación, su cronología es más antigua que la de las pinturas de la cueva, se sitúa en el Magdaleniense Medio, hace unos 13.900 años.
Se clasifica en la categoría de piezas conocida como contorno recortado. El ser humano trabajó la costilla de un bisonte o un uro hasta darle el aspecto de un ave. Las aves son un tema muy raro en este tipo de piezas, además, se piensa que los contornos recortados son piezas para llevar colgadas, puesto que normalmente presenta perforaciones para pasar un cordel, pero el ave de Ekain no tiene tales agujeros.
El arte rupestre dejado en las paredes de la cueva no es el único legado dejado por los habitantes de Ekain, también dejaron piezas artísticas que transportarían consigo en el yacimiento arqueológico de la entrada de esta cueva.

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